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JesiyCeci

El mundo de Cecilia.

                                             El  mundo de Cecilia. 

Es difícil redactar una historia tan linda, llena de desafíos, temores y alegrías.Eran casi las 14:30 horas del día 6 de Noviembre de 1986 y, a pesar de todos lo problemas que existían en la realidad; ese día el sol brillo más, porque nació una linda nena, que digo linda ¡re linda!; una persona muy sensible, cariñosa y dulce que le encantaba bailar, cantar y por sobre todo ver sus dibujitos animados como: Minnie, Mickey, Los Pitufos, Los Ositos Cariñositos, Xuxa cuando bajaba de su nave con sus paquitas, etc. A esta personita la llamaron Cecilia, vivía con su mamá, papá, una hermana y un hermano en una casa muy humilde que al pasar el tiempo fueron construyéndola.Pasaron varios años, y a pesar de muchos problemas de la sociedad, ya que los diputados aprobaron en general la ley general de educación donde se  propiciaba una estructura básica y obligatoria de diez años, donde también había prevenciones en las escuelas por el cólera y … para variar, privatizaciones ( especialmente del ferrocarril) y una deuda externa de 10.000 millones; comenzó su jardín de infante en 1992, en una escuela pública, humilde y muy querida, llamada Profesor Dionisio Chaca.Al principio no fue muy lindo para ella; y con su guardapolvo rosado a cuadritos, una mochila con forma de osito ¡que la amaba!, un moño en su cabeza y, en su bolsita de higiene su jabón preferido con aroma a frutilla; la mamá la acompaño hasta su salita y dijo… ¡que sea lo que Dios quiera! Iba temblando de miedo porque en realidad no sabía con qué se iba a encontrar. A partir de ese momento tomo coraje y con lagrimas en sus ojos despidió a mamá y papá; pero inmediatamente formo un grupo muy lindo junto a seis amigas mas. Ese día fue re lindo, pero se asustaron mucho cuando sonó una campana indicándoles que tenía que salir al patio a jugar… Recuerdo que siempre me gustaba jugar a la blanca paloma, a saltar en la soga, al gato y al raton, etcétera. El patio, hermoso recuerdo, era enorme y muy agradable ¡pero ojo con caerse! Porque era todo de cemento y te pelabas hasta los pelos.Cuando pasaron varias semanas en el jardín, este grupo de chicas era más que amigas; todos los días se juntaban en casas distintas, con sus canastitas de mimbre, sus muñecas (Barbie y peponas) y sus pinturitas, para que después de tomar la media tarde se pusieran a jugar.¡ Lo peor es que los padres después tenían que subirlas al auto e irlas repartiéndolas a cada una en sus respectivas casa!, y lo mejor es que tanto los padres como las seis chicas, ya habían formado una linda familia.Pasaron muchos años y el grupo continuaba siendo tan unido y pícaro como desde el primer día que se encontraron en aquella salita con mucho olor a esperanza, ilusiones y muchas alegrías. Compartieron muchas cosas juntas y en la escuela no faltaba u acto en el que ellas no salieran: leyendo, de flor, cantando, bailando, etc.Aunque a ella no le importaba, los problemas en la sociedad continuaban: seguían las privatizaciones, problemas limítrofes, Menem destacaba la masiva presencia de capitales españoles en el país, deudas del estado, etc.En el año 1995 comenzó tercer grado; cuando sus papás la dejaban en la escuela  iba mucho más confiada porque en los años anteriores, sus maestras eran muy buenas y le brindaban mucha confianza pero la seño que le toco en tercero no le agradaba mucho, ya que se parecía un soldado y todos eran sus soldaditos. Se llamaba Maria Rosa, lindo nombre para un ogro tan grande; era una maestra muy gritona y cuando hablaba cerca, volteaba a las personas con el olor a cigarrillo que le brotaba de su boca.Cecilia nunca fue obsesiva  por la escuela, mas o menos le gustaba, era cumplidora, estudiosa y respetuosa; ¡le convenía!; porque de otra manera sabia que su mamá le iba a dar un buen tirón de orejas si algún día le traía una mala nota o quejas de la maestra; pero en realidad, siempre le enseñaron mucho a valorar a los mayores, a respetar a sus compañeros y por sobre todo a los símbolos patrios. Aunque recuerdo que un día que le dieron cuatro cuentas de dividir y una sola saco bien. Fue su primer “Regular”y lloraba como si se le fuera acabar el mundo; después se le paso, pero antes de ir a jugar tenía que hacer una hoja entera de cuentas que la mamá le hacía.Muchas primaveras pasaron, las cosa iban cambiando, algunas para bien y otras no tanto. La moda comenzaba a cambiar, ya no se usaba las jardineras a cuadros, los suecos de Barbie, calzas o vestidos con puntillas y canesú, aparecían nuevos productos tecnológicos, los conflictos en el mundo y en la sociedad continuaban: nuevos presidentes, más privatizaciones, corruptos, paros, etc,etc,etc.Ha medida que ella iba creciendo comenzaba a comprender algunos de todos los problemas que ocurrían, y se preguntaba: ¿qué hace el gobierno? ¿Por qué pasa todo esto? En realidad no sabia que lo que estaba pasando era solo el principio de lo que al pasar los años iba a vivir, pero… ¡No todo era malo!Comenzó quinto grado, sus padres la mandaron a que realizara su primera comunión. Al comienzo no le gustaba mucho la idea y, a los tumbos y tumbos finalizó, y su familia quedó muy contenta.Un día recibió una ¡gran! Noticia: mamá y papá le iban a dar una hermanita. Ella estaba muy contenta, pero se ponía furiosa cuando sus hermanos mayores le cantaban: ¡esta celosa, esta celosa! Finalmente así fue… el 21 de Mayo ocurrió un terremoto “solo” en el hospital Italiano de Ciudad, y todo fue porque nació su hermana Gimena, ¡un gran petardito! Cuando empezó sexto año, sus maestros habían cambiado; eran mas estrictos, pero igual le agradaban; sobre todo el profesor de Educación Física que cuando nos daba clases todos se colgaban de él. También conoció una chica que venia de Los Ángeles (Estados Unidos) quien pasó a integrar su grupo y se convirtió en una de sus mejores amigas. Iban a todos lados juntas, estaban las 24 horas del día en ambas casas ya que las dos vivían a una cuadra.El año se terminaba ¡que bueno!, las vacaciones se aproximaban ¡espectacular! Y como todos los años la familia Gómez cargaba todo y… ¡AFUERA! Esas vacaciones fueron re lindas,  además fue con su amiga Verónica y en los siguientes años, siempre invitaba a una amiga porque de lo contrario sus vacaciones se tornaban un poco aburridas.La vida pasaba, los problemas seguían, más años de edad, nuevas vacaciones, nuevas maestras, compañeros, peleas, etc.Empezaba séptimo grado, no le importaba absolutamente nada, solo iba a la escuela a molestar y a jugar con sus amigas, con decir que el primer día de clases (en séptimo año), todo el grado llevo a sus casas una nota de mal comportamiento, porque no tubo otra brillante idea que llevar con su amiga Verónica un perrito al aula, lo que provocó un gran conflicto entre todos sus compañeros; aparte teníamos una maestra que era madre de una compañera y le tomaban el pelo todo los días. La cuenta regresiva se aproximaba, finalizaba una bella etapa y comenzaba otra, muy rara, temerosa y muy curiosa.Había que decidir qué escuela secundaria continuar y los miedos eran muchos: ¿va mi mejor amiga a la escuela que voy a elegir? ¿Cómo serán mis señoritas?...va mis profesoras, ¿se podrá jugar como en esta escuela? Estas eran algunas de las preguntas que se cuestionaba pero, por otra parte no se hacia mucho problema porque estaba en los preparativos de su” viaje de egresados”. Finalmente así sucedió, el primero de Noviembre de 1998 todo ese grupo que se había formado hace seis años atrás, se subía a un colectivo en la plaza departamental de Tupungato, con una sonrisa de oreja a oreja, con un entusiasmo que nunca se vio durante los siete años dentro de la escuela; ni siquiera cuando comenzó eran más pequeños y los sacaban de paseo o en cuarto año cuando estrenaron una escuela nueva, mucho más moderna, de dos pisos, con baños grandes y muy diferente a la anterior.Por otra parte, también se subieron un poco tristes, porque tres chicas que conformaban el grupo no las dejaron ir a ese viaje tan esperado y soñado por todas.Hasta ese momento fueron “las mejores vacaciones”, no importaban los problemas de la sociedad, los paros, que docentes, políticos, que la escuela ¡NO IMPORTABA NADA!; pero eso no duro para siempre, sino una semana.El viaje de ida les pareció eterno y, cuando llegaron al hotel fue el ¡gran problema!, porque había que separarse para las habitaciones y nadie lo quería hacer. Es por esto que los coordinadores les dieron una pieza para ocho personas; era muy linda, de dos pisos y con un bacón que daba al  patio donde había una pileta rodeada de muchas palmeras.Pasaron unos días geniales, juegos, piletas, parques de diversiones y lo que más les gustaban eran los boliches, además de un coordinador que era alto, morocho y con unos faroles verdes; pero él no les daba ni la hora porque era de otro grupo que se hospedaban en el mismo hotel.En ese viaje Cecilia cumplió sus trece años, fue uno de sus mejores cumpleaños y, como todas las noches se quedaron despiertas hasta las cuatro de la mañana; pero fue una noche diferente, porque la llenaron de talco, le hicieron unos peinados que estuvo dos días para desenredarse el cabello, la disfrazaron de momia con papel higiénico y con toda la cara pintada como payaso la sacaron al pasillo del hotel. Tuvo la mala suerte que esa misma noche había llegado otro contingente de estudiantes y todos se burlaron de ella. Al regresar todo cambió, tenía que comenzar una nueva vida, con más preocupaciones, más responsabilidades, afrontando diferentes problemas sociales, familiares, y por sobre todo, aprendiendo a convivir…sí en “el mundo de Cecilia”. 

2 comentarios

Prof. Martín Elgueta -

Gracias por compartir tu relato. Serí importante separar los párrafos para mejorar su lectura.

erika y edith -

Hola chicuelas nos asustamos porque pensabamos que se nos borro todo las queremos